III: Soy un diente de león

Por: El Chico defectuoso

Diente de león...

Soy un diente de león. Siempre lo fui, desde que como pequeña semilla, volé por los verdes prados de Ondinia.

Iba de la ciudad al campo y del campo al río, acompañado por la brisa de la primavera. Era señalado por los niños, que al verme se alegraban, pues sabían que los días bajo el sol, me habían enseñado.

Hasta que me quedé dormido en el lugar más espléndido del mundo, la cima de Ildor, esa montaña tan imponente y misteriosa.

Y aquí soy feliz, pues desde aquí veo a todos moverse, a las dulces mañanas de Ondinia y sus cálidas noches también, vi crecer a la doncella más preciosa de la comarca entera, y vi la paz y la quietud.

Vi también la ansiedad y el barullo, y vi la llegada de Rhimian el oscuro, vi desesperación y mucho dolor, y vi a la gente morir y sangre brotando de todas partes.

Aún recuerdo esa noche solamente alumbrada por el fuego que lentamente consumía la ciudad.

Recuerdo que un día de Abril, luego de la quinta luna llena, Jossephine, la musa, comenzó a escalar por la falda de Ildor, y cuan grata fue mi sorpresa al ver que iba acompañada. 

Ella estaba exhausta, Ildor no es fácil de escalar, una montaña traicionera que puede verse acogedora y quieta en la distancia, pero la realidad es muy distinta: Sus picos escabrosos están ocultos en grietas camufladas en un manto de flores y pasto.

Sus zigzagueantes caminos confunden al más experto y pierden al más orientado, es así el lugar más magnificente de la cuarta región de Nitelia.

Jossephine nunca se daba por vencida, que persistente y empeñosa en sus labores cuando tenía una poderosa razón para cumplirlas. No le importaba que su vestido fuese rasgado por los pequeños espinos propios de cualquier elevación geográfica.

Le vi tropezar y caer unas diecisiete veces antes de llegar a la cima, allí donde desde hace unas horas había estado tendido un hombre caído del cielo.

Los cinco llegaron hasta donde aquel extraño de cabellos desordenados yacía, pero solamente la hermosa musa tuvo el valor de acercársele.

- ¿Quién eres? – le preguntó tímida pero resuelta-.

Y no hubo respuesta, el parecía dormido aún.

- ¿Quién eres? – insistió-.

Parecía saber que el muchacho que estaba tendido en el pasto, necesitaba despertar. Y así fue. Él comenzó a abrir lentamente los ojos mientras esbozó una sonrisa.

- Mi nombre es Dante, mi caminar es ahora tuyo y mi vida está a tu servicio –dijo él-, déjame trazar contigo un propósito al final de tu travesía.

Y fue ella la que, ahora, sonrió.

La nieve empieza a caer, el sol se está dejando vencer por el cansancio y la noche será helada hoy. Si, sé que es bastante extraño, pero no puedo quejarme. El ciclo de la vida, ese equilibrio perfecto que nunca debe ser roto, da giros imprevistos. Hoy nevará y las pequeñas plantas de Ildor morirán indefectiblemente.

Ninguna de nosotras verá el amanecer mañana.

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4 pensamientos en “III: Soy un diente de león

  1. ElFotógrafoFurtivo dice:

    Espero 4 años ya el 4to capítulo de esa historia, al fin podré leerla?

  2. Romina dice:

    Te extrano nenisimo

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