¡NO TENGO MIEDO DE MORIR…! – Crónica de un corresponsal de guerra

Por: El Chico Defectuoso

El informar a veces tiene un precio...

– ¡No me importa morir, no me importa morir! – repetía en mi cabeza una y otra vez, mientras el ruido del jeep al que me habían subido me indicaba que se ponía en marcha.

Llevaba una bolsa negra en la cabeza, no podía moverme y tenía el frío cañón de una metralleta en la sien.  Escuchaba gritos de maligna alegría en un idioma que conocía pero que en ese momento no podía comprender.

No sé cuanto tiempo estuve allí sentado, viendo pasar cada momento de mi vida ante mis ojos, recordando cada segundo como en una grabación…

 El jeep se detuvo y un grito acompañado de una patada me hizo bajar de este.

– ¡Camina! – me gritó una voz áspera y grotesca – ¡camina …ajo!

Unas manos toscas y agresivas me quitaron la bolsa de un tirón casi arrancándome la cabeza.  Estaba parado en lo que parecía la entrada de una cueva y alrededor solamente había arenales azotados duramente por el viento.

Sentí como un culatazo me rompía algunas costillas.  Entonces caí al suelo sintiendo un dolor agudo y penetrante como nunca antes lo había sentido, al menos como dolor físico.

Escupí algo de sangre y traté de incorporarme, las risas ocasionadas por mi caída iban en aumento.  Mis compañeros estaban tirados en el suelo también, mientras los únicos sonido que salían de sus bocas eran gemidos de dolor.

Me insultaron una y mil veces, rompiendo en pedazos mi cámara digital.

– ¿Qué es lo que intentabas demostrar? –me dijeron nuestros captores al unísono – ¿Acaso crees que somos unas mierd..?

En ese momento me patearon el rostro, fue cuando perdí instantáneamente la visión del ojo derecho, ocasionada por el golpe.

– ¡Entren ahí! – ordenó un capitán que no había tomado parte en la masacre – basuras de mierd..

Me incorporé como pude e hice lo imposible por avanzar en medio de latigazos y patadas.  Caminaba por la fría caverna apenas alumbrado por un par de linternas de un par de soldados.  Una y otra vez doblábamos por recodos que no parecían existir en la eterna piedra que atravesábamos.

Parecían ya haber pasado unos 20 minutos, cuando llegamos hasta una puerta en lo más recóndito de una gruta.  Entramos, luego, a lo que parecía un salón con alfombras y cuadros enterrados en paredes de roca, grandes escritorios y alguna que otra estantería plagada de libros papeles enrolados y quién sabe qué.

Los 16 soldados que nos habían capturado entre los montes entraron en la habitación, pero solamente uno se quedó: el de mayor rango. 

Yo estaba maniatado, buscando desesperadamente alguna salida.

En eso, una luz potente se encendió en medio de toda esa inmensa oscuridad, vi la silueta de un hombre fornido acercándose hacia mi, pero no podía verle el rostro.

– ¡No me mires, mierd..! –gritó al tiempo de que me proporcionaba un latigazo en la pierna izquierda-.

Me doblé del dolor mientras ese sádico ser se reía de mis contorsiones agonizantes.

– Maldición –pensé adolorido- pase lo que pase, ¡no tengo miedo de morir!

Llovieron mil golpes sobre mi ser, tenía alguna costilla incrustada en mis pulmones, la pierna izquierda rota y las manos destrozadas.  Con la poca visión del ojo izquierdo, vi la cara de pánico de Helbert, mi camarógrafo, otro puñetazo, una zurra más, y la expresión aterrorizada de Michael, mi fotógrafo.

– ¡Después les va a tocar a ustedes! – amenazó el supuesto soldado de alto rango, soltando una risa ronca, como la del demonio en persona.

Latigazos en el rostro, en la espalda, en el pecho y en cualquier parte que alcanzase sus brazos desaforados. Dejé de sentir mis piernas y mi respiración estaba agitada, sentía mi sangre caliente cayendo por todas partes a borbotones.

 *****

– Siempre voy a estar contigo – dijo ella – inclusive si algún día me llegas a odiar.

En ese momento me abrazaste con el abrazo más reconfortante que nunca me habías dado.  Me sentí amado y vi tus hermosos ojos color caramelo enfocados en una mirada tierna hacia mi.

– Te amo – susurré – y siempre lo voy a hacer.

– Idem – respondiste.

El tiempo parecía no pasar aunque ya se hacía tarde, tu labios frente a los míos, tus cabellos y tu perfume frente a los míos;  un momento eterno, un segundo que durará en mi memoria para siempre.

 *****

Una risa fría congeló mi alma y me sacó de ese momento tan sublime que me estaba liberando del dolor.

Patadas en mis pulmones y riñones, el dolor era ya insoportable.

 *****

– ¡Qué es lo que te pasa! – dijo ella, con lágrimas en los ojos – ¡qué tienes!

– Solamente te estoy pidiendo un poco de respeto –respondí – ¿Acaso es mucho pedir?

Y la caminata se hizo larga, pues ninguno de los dos dijo palabra alguna, se notaba la molestia en el ambiente y flotaba como la muerte entre nosotros.

¿Por qué ser tan celoso y por qué darme tantas razones para serlo?

 *****

Sentí que me arrastraban fuera del cubículo, donde había recibido tantos golpes, y me lanzaban dentro de otro cuarto iluminado por el sol que se colaba milagrosamente por una grieta.

Vi figuras humanas dentro y traté de hablarles, pero no recibí respuesta alguna, olía a mil demonios y se escuchaban los chirridos de muchas ratas saliendo de sus escondites a seguir royendo los huesos de los tantos muertos arrojados allí.

La sangre seguía saliendo de las mil heridas que tenía, cayendo por entre mi chaleco y mi camisa, por entre mis cabellos y lo que algún día fue una sonrisa.

 *****

– Lo siento – dijo ella, de forma fría – ya no puedo continuar contigo.

– Si esa es tu decisión y te hace feliz… – respondí, mientras mi alma se destrozaba agujereando mi corazón- …que sea como tu deseas.

Salimos de la biblioteca esa noche sintiendo las consecuencias de los hechos, tú feliz de haber logrado “escapar” y yo muriendo a cada paso que daba, pero fingiendo estar bien, tratando de parecer yo mismo.

 *****

Mis elucubraciones fueron rotas por los gritos de mis ayudantes de corresponsalía, estábamos en medio de una estúpida guerra tratando de decir la verdad, tratando de cubrir la noticia.

Pero, ¿porqué acabamos así?, ¿porqué?…

Observé por un momento el letrero que llevaba estampado en mi chaleco sintético, decía PRENSA, y para qué demonios decía eso, y para qué fui a ese campo a lo que parecía un suicidio?

 *****

– NO, es no – dijo ella – no quiero estar ni contigo ni con nadie.

– Discúlpame es la última vez que te lo pido – respondí, atravesado por la muerte de la última gota de esperanza que en mi quedaba – al menos, ¿podemos ser amigos?

Una mirada calló nuestros labios, mis ojos cayeron al suelo, buscando una explicación, ¿cómo es posible que ella me haya olvidado tan rápido?, ¿no merezco una segunda oportunidad?, y, ¿porqué todos los demás si la tienen?

Sonreí de forma patética, con mi diplomado en hipocresía gerencial, te abracé y te comencé a contar cosas que no recuerdo, porque no les prestaba atención.

 *****

Un estruendoso golpe azotó la puerta contra el muro y casi se sale de sus goznes.

– ¡Ahora, a pudrirse entre la mierd..! – gritaron algunos soldados – lanzando a mis compañeros de trabajo por encima de mi.

Los dos estaban corporalmente destrozados, pero Michael estaba muerto.

– Jefe, jefe – me dijo como pudo Helbert – ¿por qué está usted aquí?

Me sonreía con una mueca irónica, con lo que parecía su boca, pero ni siquiera eso podía identificar de él, estaba desfigurado totalmente.

– Yo vine por que me obligaron mis padres – susurró él – no me querían en casa, además de que se enteraron de que pagaban bien…

Lo pensé por un momento ¿por qué estaba aquí?

– Helbert, muchacho – comencé a explicarle – estoy aquí por tres motivos: el primero es que no me importa morir, el segundo es que en este segundo no soy importante para nadie, así nadie sentirá mi perdida, y el tercero es que quería ser una cosa útil para algo.

– Nunca lograré entenderte, jefe – me respondió – igual ya no podré ver a mi esposa, ni a mis dos hijos.

Y una lágrima silenciosa rodó por su cara demacrada, y llorando de esa forma, sus suspiros de lamento se los llevó la parca.

 *****

– Quizás podamos volver a estar juntos – escribió ella – aunque no me creas, no me reproches.

El monitor que me llevaba tus mensajes desde lo lejos, parecía cambiar de color en ese momento, haciéndose color de rosa.

 Una sonrisa afloro en mi rostro afectado por el acné, y me sentí con un poquito de fuerzas, de vida y de esperanza.

 *****

Sentí explosiones fuera de la cueva y mucha tierra cayó desde todas partes, había un griterío inmenso afuera y balas de 10mm sonando al ser disparadas, gritos de dolor, mitigados por los de furia y de impotencia.

La pequeña rendija, única fuente de luz y de ventilación del hueco en donde estaba metido, se cerró y sentí acelerarse mi corazón, a la par con mi hemorragia.

 *****

– Pensé que ibas a ser corresponsal de guerra por otros motivos – dijo ella – por cuestión de ética, de valores, de servicio.

Y yo simplemente callé, pensando en que siempre oyes de mi, solamente lo que necesitas, como para dar una sentencia crítica y de poetisa.

Te alejaste de mi, cuando por primera vez quería algo de tu atención, cuando por primera vez traté de contarte algo que me afectaba desde adentro.

Me puse en pie, al ver que estabas distraída y comencé a alejarme lo más insignificantemente posible.

 *****

Un soldado enemigo entró a la habitación, debía estar herido porque cojeaba bastante, gritando que lo iba a incendiar todo.

– ¡No! – grité con mis pocas fuerzas – ¡no lo hagas, ten piedad de mi!

 *****

Un beso bajo la luna llena, con promesas mutuas de amor; un llanto amargo y todo lo que habíamos superado juntos; una ruptura por un solo lado, demasiado dolorosa; y un par de amigos que caminaban por la calle, uno de ellos pensando solamente en la otra y la otra que pensaba en todos menos en él; un poco de atención que nunca llegó, y enfermedad y depresión.

 – Quisiera volver contigo, dame otra oportunidad – le dije-, no se vivir sin ti…

 – Eres un tontito – dijo ella-, cómo no te voy a amar.

 – Si eso es lo que quieres –dije-, que así sea.

 – Me he dado cuenta que nunca he sentido nada por ti – dijo ella-, jamás.

 – Siempre estaré a tu lado – le dije-, siempre vas a poder contar conmigo.

 – Disculpa por hacerte esperar – dijo ella-, se me hizo tarde.

 – ¡Duele! – grité desde lo más profundo de mi corazón-, dime, ¿qué puedo hacer por ti?

 *****

Y lo demás es historia, un frío cañón de revolver apuntándome entre los ojos, un disparo que atravesó el tiempo, el espacio, mi cráneo y mi cerebro y la promesa de que mi último pensamiento sería para ti, honrada por mi lenta sinapsis que comenzaba a detenerse.

 Y Helbert, y Michael, las dos únicas personas con las que había pasado de todo, entre las dunas de arena los últimos 12 meses, comiendo lagartijas y esperando obtener buenos ángulos para las agencias que nos remuneraban.

Y tus ojos que hace mucho tiempo que no veo, por temor al dolor, y tus manos que no puedo tocar, y solamente tu corazón que está más lejos que Plutón y al que amo más que el Universo entero.

 Tú, que cada día eres la inspiración de mis dibujos, de mis cantos y de mis poesías, tú, a la que espero siempre de amanecida, tú, a quien amaré hasta que la sangre ya no corra por mis venas.

Y aunque ahora todo sea de papel, soy un hombre de carne, hueso y corazón, que en ti pensará por siempre.

Anuncios
Etiquetado , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: