EL CONEJO Y EL LEÓN (Versión resumida)

Hoy os contaré la fábula del Conejo y el León, que yo mismo escribí.

Dedicado a aquellos pocos conejos que conozco.

Hace mucho y poco tiempo, en el lejano bosque de las ilusiones inusitadas, vivía un pequeño conejo gris, en una madriguera decorada con flores irreales. En el bosque también vivían muchos leones gallardos, que caminaban meneando suavemente su sedosa melena, viéndose soberbios e imponentes.

Los leones vivían en paz con todos los demás animales del bosque, incluyendo al conejo gris, el único en su especie. La paz reinaba cada día, desde que el sol aparecía tímidamente por detrás de las colinas, hasta que se escondía en el horizonte.

Cierto día, un cazador que pasaba por allí, se admiró de la preciosa piel de los leones que vivían en ese bosque y quedó maravillado por su gran porte y su magnificente postura.

Entonces decidió darles caza y empezó a colocar trampas, dejando carnada en lugares visibles, para que cuando un león se acercara, una pesada red cayera sobre éste, impidiéndole escapar.

El hombre, al finalizar de colocar las 7 trampas de red, se fue a su cabaña a descansar, pensando en que al amanecer del día siguiente, iría a verificar si es que había atrapado a alguno.

La oscuridad se deslizó suavemente por entre los árboles, y a la medianoche, un sonido sordo seguido de un gruñido lastimero, despertaron al conejo gris.

– ¿Qué será eso? – pensó el pequeño animal, al tiempo que salía de su madriguera.

Cuando por fin alcanzó el frío aire de la noche, vio como un león que estaba atrapado bajo una inmensa red, luchaba violentamente por liberarse.

– Tranquilo – le dijo el conejo acercándose suavemente – voy a ayudarte.

– No se te ocurra – le gritó el león – yo puedo solo con esto.

El pequeño animal se sintió ofendido, pero decidió no alejarse. Salto hacia la izquierda un par de veces hasta alcanzar su pequeño hogar, de donde sacó una gran manta, y con ella cubrió al león, quien estaba tiritando, al tiempo que seguía forcejeando.

– ¿Ya puedo ayudarte? – susurró tiernamente el conejo, después de que ya había pasado una hora y el león yacía tendido por el cansancio y estaba totalmente resignado.

Solamente recibió por respuesta una pequeña inclinación de cabeza. Se acercó a la red y comenzó a roer ávidamente las sogas que mantenían cautivo al león.

Al cabo de quince minutos el león salió apresuradamente de su prisión y echó a correr, al tiempo que verificaba que nadie, ni siquiera el más humilde animal del bosque había presenciado el rescate. No se podía imaginar ni siquiera que pensarían todos si se enterasen que un conejo le había ayudado, ¡sería un escándalo!

Cada noche caía en la trampa un nuevo león, y cada noche el pequeño conejo lo ayudaba a escapar, en ciertas ocasiones recibía un sincero gracias por esta acción, pero casi siempre era lo mismo, el león al que había ayudado se marchaba, y no recordaba el hecho en absoluto.

Y así el trabajo del pequeño animal fue haciéndose más arduo cada día, pues el cazador enfadado porque no atrapaba nada, comenzó a deja más trampas, y cada vez hechas con cuerdas más resistentes.

Pasado un tiempo, el conejo salió a pasear por el bosque y se le hizo tarde. El tiempo había pasado sin que se diese cuenta y estaba muy preocupado, por algún posible león que ya estaría retorciéndose en las trampas del cazador.

Entonces echó a correr y cuando llegó a su madriguera se dio cuenta de que nadie había caído aún, pero olvidó la nueva trampa que había esquivado por poco cuando salió de su hogar, y cayó en ella.

El conejo era pequeño, tan pequeño que su cabeza quedó atorada en una de las amarras de la red, pero no era lo suficientemente pequeño como para deslizarse totalmente por ese agujero.

Cuando se dio cuenta de que no podía librarse, puesto que su boca estaba atorada sin poder roer nada, empezó a chillar, buscando ayuda de algún animal que pasase cerca, o de alguno de los leones a los que había liberado.

Pronto se dio cuenta de que estaba totalmente solo, pues bastantes leones pasaron por su costado, pero lo ignoraron por completo, quizás más entretenidos en hacer ostento de su belleza que en ayudar a quien lo necesita.

Al día siguiente el cazador comió estofado de conejo (Este es un final opcional, tampoco es el que más me gusta, pero para la intención de esta historia está muy bien).

Moraleja: Muchas personas buscan solamente ser ayudadas, y existen las personas a las que solamente les gusta ayudar y darse a los demás, pero cuando una de éstas últimas busca ayuda, se da cuenta de que está completamente solo.

¿Quién no ha visto la historia del Jorobado de Nuestra Señora de París? ¿Por qué es que el que más se esfuerza por conseguir lo que quiere no lo consigue? ¿Qué es lo que pasa con aquel que se resigna a que el amor de su vida sea feliz con otro? ¿Es feliz completamente por que su amor es feliz? Entonces, ¿qué es ese hueco vacío que queda cuando eso pasa? ¿Infelicidad?

Yo no me quejo de nada, soy muy feliz con todo lo que me rodea, pero ¿acaso estas cosas no se dan?, quizás la solución sea aprender a perder, aunque esto acarree el riesgo de ser el eterno y conformista perdedor.

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4 pensamientos en “EL CONEJO Y EL LEÓN (Versión resumida)

  1. Enola dice:

    ajaaaa, es un mensaje mas o menos como el del post que acabo de publicar, jejejeje, pero por q estofado??? puaj apenas paso el conejo chactado…
    Bueno ps si conozco a un par de conejos y a millones de leones por ponerlo asi, yo misma creo que me estoy “enconejando”?, “aconejando”?, como deberia decir?… bueno transmutando en conejo… solo me faltan las orejas :S

  2. Carla dice:

    ME BORRARON EL COMENTARIO DE EL SIGUIENTE POST; ESO NO SE HACE

  3. Deysi dice:

    Mi Elvis, gracias por decirme que la lea, ahora te entiendo mejor. Yo sólo quiero ayudarte a ti y quererte por siempre

  4. rey067 dice:

    La mayor parte de mi vida jajajaj, fui un conejo, pues estaba dispuesto a ayudar, y cuando yo estaba mal o necesitaba de alguien no habia nadieeee. me deciaaaa a mi mismo: cuando te necesitan a ti, tu estas ahi para ayudarlos, pero cuando tu necesitas a alguien no esta nadie ni uno siquiera, pero Dios me respondia, aquie estoy yo!!! no lo olvides nunca

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