Archivos Mensuales: enero 2013

Ha pasado más de un año desde que se murió. Casi un año y 47 días. Prometí no pensar, no escribir y no llorar. Prometí no hacerlo por él nunca más en el aniversario del año de su muerte. Creí que podía. Que podía. Que podía recordarlo con afecto y alegría de haberlo conocido.

Pensé también, que el trabajo, las obligaciones, las buenas notas universitarias (que son todo una mentira), podían esconderme. Pensé que podía esconderlo.Pensé que no escribía, ni dibujaba ni bailaba porque no tenía tiempo. Engañarse es fácil cuando uno piensa.

No lo he soltado todavía. Y que no siento ni produzco nada porque cada vez que creo algo, está lleno de mi dolor. Y me dí cuenta de eso, y dejé de hacerlo pensando que estaba mal. Estoy suicidándome destruyendo mi identidad; tratando de crear a alguien que también soy yo pero que carece de la verdad. Tengo una muerte tatuada en mi costilla derecha.

¿El arte no es eso? ¿El artista no es eso? 

Sus vivencias, sus dolores y alegrías, su autodestrucción y renacimientos. El artista no está conformado por todo aquello que siente. La gente feliz no tiene historia. Convertirme en una persona feliz me va a terminar destruyendo lo que sea que sea que soy. Aquello que siento que siento que dicen que no sé que soy.

Y la peor parte de todo esto, es que a pesar de todo. Aún no lo entiendo. No entiendo mi llanto, no sé de donde vienen mis lágrimas. No entiendo nada. Y un nudo va lentamente evitando que siga respirando. 

Y vuelve a salir todo hacia afuera. La represión.

Ahora nuevamente estoy tranquila, con leves briznas de nostalgia y melancolía en el pelo. Pero estable. El precio por mi arte es la salud mental. 

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