Archivos Mensuales: febrero 2013

Esa sensacion de vacio que no puedes contener

El corazón que te abruma con el latente temblor de la soledad

El vacio ese…

Ese vacio que no te deja respirar

La soledad… esa soledad

Aquella vieja embustera que te encanta y desencanta

Son pocas las cosas que se me ocurren

Son pocas las cosas que siento, digo, hago….

Pero algo me queda claro…

Tu frialdad, tu sincera frialdad, esa que no me deja dormir

Sensaciones

Sensaciones con las que prefieres morir

Asi como hoy,

Asi como ahora….

Asi mientras escribo estas palabras

Tomo estas pastillas

Y siento paz….

Paz inmediata que me permite respirar

Aunque sea por un segundo,

Por un momento….

Quisiera tener un cigarro también …

Tal vez me ayude a dejar de temblar, a dejar de sentir

Tal vez mi llanto se esfume con la ceniza del cigarro

Amigo, que me acompañas desde hace mucho….

Igual que ustedes amigas mias.

Secretos que nadie sabe y que guardo con recelo

Secretos que de salir de mi

Saldrían realmente de mi

Soledad, vieja embustera

Nos volvemos a encontrar….

No por falta de amor ni pasión

Sino por la real frialdad

 

Un demonio dice que soy

….

Tal vez…

Esa…

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Cine en casa

Dedicado a la familia Gomez Zanabria, que nos acogen sábado a sábado.

¿Qué fuerza nos mueve a congregarnos frente a una pantalla, a oscuras y rodeados de extraños? ¿Qué clase de liturgia nos involucra y relaciona en el encuentro de la visión de un universo ajeno? Dentro del fenómeno del cine, de algún modo se deben explicar algunos caracteres de ese algo impalpable que nos habita dentro.

No tengo recuerdos de la primera vez que asistí al cine con mi familia a la edad de un año a ver el Rey León. Pero si de la segunda vez, cuando se hizo menos caro ir al Cine Planet y nos llevaron a ver HP y la piedra filosofal. Sentí miedo al entrar a la sala de cine, incluso ahora a veces lo siento. Me asustaba entrar a este mundo nuevo, donde todos nos metíamos en la cueva platónica para presenciar desde nuestros asientos el mundo de las ideas que estaba afuera, en la proyección. Y más aún, el sentimiento de que al ir al cine era como ir a misa, mis padres y mis primos dejaban de prestarme atención para que todos pudiéramos atender algo más. Algo que para mí, se hizo superior en ese momento. Y me gustó ir al cine, por la aventura del ingreso a ese mundo nuevo más que por el cine mismo.

En el lapso de tiempo entre esa primera y segunda vez, desde la seguridad de mi casa me saciaba con los video casetes. Y no mucho después, cuando empecé a leer, dejó de interesarme el cine a pesar de los muchos intentos de mis padres y hermano por hacerme valorar “el buen cine”. Y hasta ahora, no está muy claro dentro mío en qué momento me empezaron a conmocionar las películas y me volvieron a sorprender como aquella primera vez cuando era niña y fui al cine.

Desde hace más o menos tres semanas, a un amigo se le ocurrió la gran idea de utilizar su casa como capilla para furtivos encuentros de cine. Reúne desconocidos que nos encerramos en su casa por el lapso de algunas horas para presenciar películas de ese “buen cine” y al final comentarlas acompañados de comida y bebida. La reconstrucción en maqueta de una verdadera tarde de devoción y fiesta de la cinematografía, que cuando conmociona es buena. No encuentro mejor comparación que cuando me llevaban a misa y luego íbamos a comer para conversar. En ese final, habita el reencuentro con la poca humanidad que puede tener el humano en estos tiempos post-modernos. Debe estar ahí, en alguna parte, saciada nuestra necesidad de comunidad, de ser un colectivo y compartir con alguien más la contemplación del mundo. Qué más me queda que agradecer a todos los que fomentan este tipo de proyectos, que de algún modo nos rescatan de un mundo cada vez más ajeno. Y que tienen la esperanza de que a través del regreso a cultos tan sencillos, habitamos por breves instantes en ese sentimiento lindo de comunidad.