Archivo de la etiqueta: escribir

El largo camino del guionista (V): La Información

Lo he dicho muchas veces, amigos. A mi no me gusta escribir historias. A mi me gusta más escribir de escribir.

Coincidiendo con una discusión que tuvimos hace poco mis compañeros y yo sobre cómo afrontar una trama, hoy quiero reflexionar sobre la captación de información a la hora de escribir. ¿Cuándo dar una información en un guión, ya sea este para una película o para un producto televisivo? ¿Cómo afecta a la trama, a la estructura e incluso al tono que el espectador sepa algo en un momento o en otro?

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El largo camino del guionista: Escribir sin inspiración (IV)

Kawalski: No tengo ganas de escribir. Ni siquiera tengo inspiración.

Le digo a Kawalski: Tú estás ahí, frente a la computadora antigua esa y no se te ocurre nada. Sabes que tienes que escribir y no se te ocurre nada. Tienes la imperiosa gana –no te hablo de necesidad– de escribir, y no se te ocurre nada. Bueno anda, pones algo de música, Chopin por ejemplo, prendes un cigarro, un vaso de vino tinto o dos, no más que eso, cerciórate que no haya frío ni calor y escribes.

Amigo, yo te hablo de ciertas condiciones ideales. De tus particulares condiciones ideales. Se puede escribir en el infierno, en la Antártida o rodeado de ratas. Luego escribes, escribes lo que se te ocurra por la cabeza. Una primera frase. Una frase cualquiera, la que tú quieras.

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El largo camino del guionista: Escribir luego de mucho tiempo

Volver de vacaciones (forzadas, que se diga todo) es como sentarte a escribir algo nuevo. Presupone la misma sensación: hormigueo en el estómago, pánico y, al mismo tiempo, un despegue de adrenalina corriendo por las venas. La imaginación siempre es útil, el chispazo que enciende la mecha de la creatividad de escribidor barato, las palabras o los hechos. Pero ahí está, la página en blanco, retándote a que la manches.

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Expresarse: escribir

“¿Existen guionistas guapos? Que yo sepa, que yo conozca o que yo haya visto, no”. (En una charla, pre brainstorming)

 

“¿Y tú porque escribes en un blog, Ricardo?”. Es una pregunta que me hacen a menudo. Más de lo que realmente quisiera que lo pregunten. Mi trabajo, básicamente, consiste en leer y reescribir cientos de hojas, escribir argumentos y hacer arreglos estéticos a diálogos absurdos. Y aún así, me quedan ganas de escribir, de comunicarme a través del sano vicio de sentirme un Shakespeare, un Cervantes, un Joyce. Lo he dicho cientos de veces en ponencias y en cursos donde sólo estoy de asistente. A mi me gusta escribir, pero más me gusta escribir de escribir.

Escribir es comunicarte, que se entienda pronto. Es mostrarle al mundo que tienes una opinión, que estás dispuesto a leer otras (siempre y cuando estas tengan una base de amabilidad y respeto), encararlas y filtrarlas con las tuyas. Es un ejercicio de reciprocidad constante con uno o más sujetos, donde las ideas fluyen de un lado para el otro, sin mínimo deterioro en los egos de sus actores.

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Culpable: contar historias

Por: El Guionista Brillante

Vivía al otro extremo de la ciudad, junto al último paradero de una línea de combis. Fumaba en pipa, era calvo y calzaba 46. Con apenas 20 años una revista infantil le publicó su primer cuento. Después llegaron un segundo y un tercero. Se había despertado en él una fascinación por el oficio de inventar historias, al que se entregó desde entonces. Pero el cuarto relato jamás fue publicado.

Las musas solían visitarle a menudo y se mostraban generosas, nutriendo su imaginación con fértiles alumbramientos creativos; pero, en cuanto se ponía a transcribirlos al papel, se volvían esquivas y le negaban la inspiración. Mientras estaban en su cabeza las historias eran poderosas; pero si las compartía con otros, ya fuera oralmente o por escrito, se diluían. No era extraño escucharle interrumpir uno de sus relatos para confesar que había olvidado por completo cómo continuar. El ya anciano narrador interpretó aquello como una maldición y decidió que no volvería a compartir sus relatos, que se los guardaría para él. De esta manera esperaba mantenerlos a salvo, dentro de sí.

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Escribir es una vaina

No es justo, aunque absolutamente nada lo sea. Nunca voy a entender este cochino mecanismo de la mente de olvidarse las cosas en los momentos más importantes.

De pronto estás por la calle, feliz de la vida, quizás chapando con tu flaquit@, quizás solo dándole vueltas a la ciudad, con algo de mala suerte estás pegándole al perro. Como te lo estás esperando, las cosas suceden de modo fantástico y todo es genial, pero de pronto, sin que las llames las ideas empiezan a tocarte la puerta. ¡Oh my fucking dog!


Empiezan a caer, llueven ideas, atormentan incluso. Golpean a la puerta y no estas preparado. Entonces en medio de la nada, corres a buscar un sitio donde sentarte para poder escribir. ¿Por qué diablos en Lima no hay lugares tranquilos, donde no te maten ni te miren mal, ni te cobren; donde sentarse a escribir?

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El bolígrafo, el papel y el Word 2007

Por: El Guionista Brillante

"Y cuando tomes la pluma, descubrirás que es como tu espada..."

¿Pueden dejar de hacer tests estúpidos en el Facebook? Es un insulto a la inteligencia, al buen gusto y sobretodo… a los que elaboramos tests psicológicos reales. Atte. Mi mamá.

Yo pertenezco a la generación que creció con ordenador y, si me apuras, casi sin máquina de escribir. La primera computadora que entró en mi casa fue una de esas 360, de plástico blanco y teclas cremas que se dejaban entrelazadas las letras cuando apretabas más de dos a la vez, generando una catástrofe que solo mi padre (un informático pionero) podía arreglar.

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El largo camino del guionista (II)

Por: El Guionista Brillante

Y entre hojas y hojas...

Escribir no es un don. Es una maldición. Pero acepto su precio, su locura y su pesar. Lo acepto con gusto.

El otro día fui a un taller automotriz, ya saben, uno de esos lugares donde arreglan coches. Yo no manejo, jamás lo haré, estoy vedado de lograr algún avance en el arte de conducir una tonelada de metal y vidrios. Fui con un amigo, que me dejó conversando con el dueño. La conversación que tuve con el mecánico se pareció mucho a otras conversaciones que he tenido sobre el mismo tema con mucha otra gente.

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